RELACIONES HUMANAS Y DE PODER EN LA COMUNICACIÓN HUMANA
LA COMUNICACIÓN HUMANA
La comunicación humana.La comunicación es un proceso innato en el hombre, una necesidad básica, para la que venimos determinados biológicamente. El niño desde que nace se está comunicando a través de diferentes códigos. La comunicación es un acto de relación humana en el que dos o más participantes intercambian un mensaje mediante un lenguaje o forma de expresión. Este proceso es interactivo y social.

- LAS RELACIONES HUMANAS
Las relaciones humanas son todos aquellos nexos que se van estableciendo a partir del proceso de comunicación, y es a partir de estos que todas las personas van estableciendo procesos sobre los cuales se desarrolla su vida. Como se sabe, la esencia misma de las personas aparece en el marco de una comunidad, relacionándose unas con otras.
Esto nos remite directamente a la diferencia en las relaciones personales de acuerdo a su carácter primario (las relaciones que se producen por los instintos del ser humano, ya sea el maternal o el que lleva a relacionarse positivamente con sus pares) o de carácter secundario, prácticamente único en nuestra especie, donde dos personas desconocidas se reúnen por un motivo funcional, sin existir instinto alguno que los lleve a hacer eso más que su vocación de alcanzar determinado objetivo.
En este sentido, vemos que la importancia de las relaciones humanas se deben básicamente a dos hechos, cada uno con su valor particular:
a) Resulta indispensable para los seres humanos organizarse en grupos junto a las personas más cercanas de su entorno familiar, y luego van por la vida encontrando nuevas personas con las cuales establecen amistad, sin mayor motivo que la satisfacción de las necesidades afectivas.
b) El hombre transcurre su vida sabiendo que determinadas necesidades no podrán ser abastecidas por sí mismo, por lo que necesitará relacionarse con las personas capacitadas para hacerlo. Si lo pensamos, constantemente estamos demandando funcionalidades o servicios que otros pueden darnos: educación, salud, entretenimiento, y todo intercambio o transacción, tenga esta un correlato económico o no) solo puede darse en el marco de las relaciones interpersonales.
La teoría del apego
La primera relación humana, indudablemente, es la del padre y de la madre con el hijo, antecedente básico de todas las relaciones afectivas ulteriores. La teoría del apego es la que se apoya en esa interacción para hablar sobre las relaciones entre los seres humanos en general, a través de la idea de que los recién nacidos tienen la necesidad biológica de desarrollar una relación con al menos un cuidador principal, para lograr su supervivencia.

Mediante un proceso combinado entre los dos miembros de la relación, se desarrollan patrones de apego, que conducen a modelos internos de trabajo, que guiarán las emociones, los pensamientos y las expectativas en todas las relaciones posteriores.
Esta teoría tiene mucho respaldo científico, pese a que puede criticársela en la medida que las relaciones en la sociedad son algo más complejas que una réplica de la primera entre el padre y el hijo, y hay un proceso diferente al de la mera extrapolación de lo aprendido en esos primeros momentos de la vida. Un gran aporte a esta teoría fue el desarrollado por Sigmund Freud, que luego fundamentó el psicoanálisis.
La amistad y el amor
La amistad es otra de las relaciones interpersonales de mayor intensidad y que también cobran gran importancia dentro de la vida de las personas. A cualquier edad, todas las personas van eligiendo en su camino a otras personas, con las cuales se van relacionando y construyendo vínculos de ayuda mutua, con una sensación de confianza y una muy buena comunicación.

Es importante la cuestión de la elección, ya que la amistad es la primera de las relaciones humanas que es completamente electiva, y la decisión queda a cargo de cada uno de los participantes.
El amor es otra de las relaciones humanas más importantes, y se pone de manifiesto de muchas formas, sobre las cuales se han elaborado diferentes teorías filosóficas y concepciones.
La institucionalización del amor mediante el matrimonio es un espacio en el que se combina esta relación social producto de la necesidad genuina de afecto de las personas y la búsqueda de satisfacción de necesidades humanas.
Las relaciones secundarias, otra clave
Sucede que las personas, al organizarnos en forma de grupos humanos, aceptamos determinadas reglas, sabiendo que los demás harán lo propio. Si bien de todos modos existen mecanismos como la ley, que buscan limitar la posibilidad de salirse de ese consenso.
De todas formas las personas consciente o inconscientemente asumimos que los demás están en una posición cooperativa con nosotros, al menos hasta cierto punto. Y si alguien se ofrece a relacionarse con nosotros con el objeto de cumplir una tarea, solemos creer que realmente está dispuesto a hacer eso.
En nuestra época, en general, ésta relación está mediada por el comercio, por más pequeño que sea. El trabajo establece permanentemente relaciones sociales, ya sea internamente con otras personas con las que se conforman equipos de trabajo, o bien externamente, con clientes, proveedores, etc.
Por otra parte, y casi sin darnos cuenta, vamos estableciendo relaciones humanas de carácter secundario, al tratar de satisfacer nuestras necesidades. A veces incluso depositamos gran parte de nuestra confianza en esa relación: el transporte público, por ejemplo, genera una relación interpersonal entre el viajante y el conductor, en el que el primero deposita toda su confianza respecto de la seguridad en quien conduce.
2. LAS RELACIONES DE PODER

Para Foucault, es el aparataje de relaciones entre los individuos o entre los grupos lo
que caracteriza el poder, dando el marco de acciones que van a inducir a otras acciones. En
ese contexto, Foucault define el concepto de poder como “una acción sobre las acciones
de los otros [que] se ejerce más que se posee, no es el privilegio adquirido o conservado de
la clase dominante, sino el efecto de un conjunto de posiciones estratégicas [y que] no se
aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición, a quienes no lo tienen;
los invade, pasa por ellos y a través de ellos” (Foucault, 1975, p. 35) y, de esta forma, el
poder deja de estar ligado a la ostentación de una determinada posición en un sistema
social.

El poder atraviesa a la sociedad y se presenta donde existan relaciones sociales, “se
ejerce a partir de puntos innumerables”, descentralizando las relaciones de poder, “y en el
juego de relaciones desiguales y móviles” (Foucault, 1976, p. 123), lo que permite asumir
que se conjugan en el marco de las relaciones de fuerzas propias de las relaciones sociales.
En el marco de la propuesta de Foucault, el poder entra en juego alrededor de tres
elementos: inicialmente, ‘el otro’, aquel sobre el cual se ejerce el poder; posteriormente,
se ubican las reacciones y resultados que se pueden dar, ya que la libertad es una de las
condiciones inherentes a la concepción foucaultiana del poder (Merlin, 2009). Para Foucault
(2001), la libertad debe existir para que el poder pueda ser ejercido y, adicionalmente, ratifica lo señalado por Múnera, apartando al poder de la concepción coercitiva del concepto,
ya que la libertad debe ser su soporte, pues sin la posibilidad de resistencia el poder podría
limitarse a la imposición física (Foucault, 2001). Por último, el tercer elemento que se tiene
en cuenta es la resistencia, que no constituye una negación del poder, sino que “se relaciona con el deseo de reconocimiento en los vínculos interpersonales” (Etkin & Schvarstein,
2005, p. 190).
Esto demuestra que los seres humanos nos comunicamos no solo para transmitir ideas, sino también para establecer relaciones con la sociedad de apego, de amistad, de colaboración, de sujeción, de superioridad que llega hasta el sometimiento y manipulación de un ser a otro.
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